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Ana Foligna: la artista argentina que demuestra que nunca es tarde para volver a crear

Ana Foligna, actriz, autora y creadora de Pequeña Anita y del Laboratorio de Anita, comparte en esta entrevista exclusiva para Socialmente Artista cómo ha construido una trayectoria marcada por la reinvención, el teatro y la creatividad, demostrando que nunca es tarde para volver a empezar.

Ana Foligna, durante la función de su obra Pequeña Anita, la obra.

Ana Foligna, durante la función de su obra Pequeña Anita, la obra.

Hay artistas cuya historia comienza sobre un escenario. Otros descubren su vocación con el paso del tiempo. Y después están quienes entienden que el arte no es un lugar al que se llega, sino una forma de habitar la vida.

Ese es el caso de Ana Foligna.

Música, teatro, cine, escritura y docencia forman parte de un recorrido atravesado por una misma búsqueda: crear, aprender y volver a empezar cuantas veces sea necesario.

En esta primera parte de la entrevista conversamos sobre sus comienzos, las pausas que marcaron su camino y una idea que atraviesa toda su obra: el arte no solo se aprende, también se juega.

¿Quién es Ana Foligna?

Mercedes Mathey: Ana, muchas gracias por compartir este espacio con Socialmente Artista. Para quienes todavía no te conocen, ¿quién es Ana Foligna y cómo comenzó tu vínculo con el arte?

Ana Foligna: Mi primer contacto con el arte fue cuando era muy chica. Siempre me gustó la música, tocar la guitarra y cantar. Más adelante estudié el profesorado de Música y empecé a trabajar en colegios, donde organizaba los espectáculos de fin de año.

Con el tiempo entendí que, sin darme cuenta, ya estaba haciendo teatro.

Tengo dos hijos, tres nietos y un marido que siempre acompañó mi camino. Hoy puedo decir que mis nietos fueron el motor de muchas de las cosas que hago.

Llegó un momento en el que sentí que ser profesora de Música ya no me alcanzaba. Necesitaba explorar otros lenguajes y fue entonces cuando estudié comedia musical con Pepe Cibrián.

Recuerdo perfectamente el primer día que subí a un escenario.

Pensé: «De acá no me bajo más. Este es mi lugar en el mundo.»

Trabajé con él durante varios años y, más tarde, apareció otro desafío: el cine.

Estudié guion y producción audiovisual y participé en distintos proyectos, entre ellos Argentina Beat, un documental sobre la historia del rock argentino que me permitió entrevistar a grandes músicos y descubrir otra manera de contar historias.

Hoy miro hacia atrás y entiendo que cada disciplina fue preparándome para la siguiente.

Las pausas también forman parte del camino artístico

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Mercedes Mathey: Muchas veces creemos que una carrera artística debería ser lineal, sin interrupciones. Sin embargo, en tu historia aparecen varias pausas. ¿Cómo las viviste?

Ana Foligna: Las primeras pausas estuvieron muy relacionadas con mi familia. Cuando trabajaba con Pepe Cibrián, mis hijos eran pequeños y tenía dos mundos completamente distintos: el teatro por la noche y la vida familiar durante el día. Llegó un momento en el que sentí que tenía que elegir, y elegí a mi familia. Nunca me arrepentí de esa decisión.

Pero después descubrí algo muy importante: yo no sabía vivir sin arte. Podía dejar de actuar durante un tiempo, podía alejarme del teatro, pero no podía dejar de crear. Entonces empecé a escribir. Escribía muchísimo, aunque no mostraba nada.

Más adelante apareció el cine porque pensé que podría compatibilizarlo mejor con mi vida familiar. Descubrí que también exigía muchísimo trabajo, aunque tenía otra dinámica. Tiempo después hice otra pausa. No quería hacer teatro ni cine, pero seguía escribiendo.

Hasta que un día sentí que era momento de volver. Recuerdo preguntarme muchas veces: «¿Podré empezar de nuevo?». Y entendí que no necesitaba tener todas las respuestas, solo necesitaba empezar. Fue entonces cuando volví a encontrarme con Gaia Rosviar y juntas comenzamos a darle forma a Pequeña Anita.

El momento en que Ana Foligna descubrió que el arte era mucho más que actuar

Mercedes Mathey: Nunca te quedaste en una sola disciplina. Música, teatro, cine, escritura… ¿Hubo algún momento que cambiara tu manera de entender el arte?

Ana Foligna: Sí. Trabajar con Pepe Cibrián cambió completamente mi mirada. Ahí entendí que ser artista no era solamente actuar. Podía unir la música, el teatro, la escritura, el cine y la narración. Comprendí que el arte era mucho más amplio de lo que imaginaba, y esa es justamente la mirada que hoy intento transmitir desde el Laboratorio de Anita.

Cuando pienso en el arte, pienso en un laboratorio: un lugar donde uno experimenta, mezcla, investiga y descubre. Quizás yo no pinto, pero trabajo con los colores. Hay personas que no cantan, pero tocan un instrumento; otras escriben, bailan o filman. Todo eso también es arte.

«Cuando dejamos de jugar, dejamos de crear»

Mercedes Mathey: Durante toda la entrevista apareció una idea que me parece muy poderosa: el arte necesita juego.

Ana Foligna: Totalmente. Creo que cuando empezamos a tomarnos el arte demasiado en serio dejamos de jugar, y ahí perdemos algo muy importante. El arte necesita disciplina, compromiso y muchísimo trabajo, pero también necesita curiosidad. Necesita sorprenderse. Necesita disfrutar.

Cuando dejamos de jugar aparecen los miedos: el miedo a equivocarnos, a no ser suficientes o a creer que todavía no somos artistas de verdad.

Yo recuperé ese juego cuando estudié comedia musical. Después el cine me ayudó a ordenar ese universo creativo, pero siempre vuelvo al teatro, porque ninguna función es igual a la anterior. Cada vez que subís a un escenario todo vuelve a empezar, y eso sigue emocionándome.

El trabajo invisible detrás de cualquier proyecto artístico

Mercedes Mathey: Las redes sociales muchas veces muestran solamente el resultado final. ¿Qué sentís que la gente no ve del trabajo artístico?

Ana Foligna: Que detrás de cualquier proyecto hay muchísimo más de lo que parece. Hay horas de estudio, tiempo, inversión, dudas y contradicciones. También hay momentos en los que una se pregunta: «¿Qué necesidad tenía de meterme en todo esto?».

Después el resultado puede gustar o no, pero todo ese recorrido existe. Y creo que todavía falta comprender que el arte también es un trabajo.

El arte también necesita tiempo

Después de escuchar la historia de Ana Foligna, queda claro que una carrera artística no siempre avanza en línea recta. Hay pausas, cambios de rumbo y momentos para cuidar a la familia, así como otros para volver a crear.

Quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas de esta conversación: entender que detenerse no significa abandonar. A veces, precisamente durante esas pausas, el artista sigue creciendo por dentro.

Y, como dice Ana Foligna, el arte nunca deja de existir mientras conservemos la capacidad de jugar.

En la próxima entrega…

En la segunda parte de esta entrevista exclusiva para Socialmente Artista, Ana Foligna nos contará cómo nació el Laboratorio de Anita, el proceso creativo de Pequeña Anita junto a Gaia Rosviar y por qué cree que el arte puede convertirse en una herramienta de transformación para niños y adultos.

No te la pierdas.

2 respuestas a «Ana Foligna: la artista argentina que demuestra que nunca es tarde para volver a crear»

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