Juana Mariach: «El canto para mí es sinónimo de libertad y expresión»
Juana Mariach es cantante, compositora, doula vocal y terapeuta corporal. En esta entrevista íntima, nos comparte su recorrido artístico, desde sus primeros pasos como maestra de canto hasta sus experiencias acompañando embarazos y partos con la voz. Hablamos sobre creatividad, espiritualidad, ciclicidad femenina y qué significa realmente vivir del arte en un mundo complejo. Una mirada auténtica y profundamente inspiradora para artistas y buscadores del bienestar a través del arte.

¿Cómo descubriste tu vocación artística?
Bueno, según cuenta mi madre, desde los nueve meses ya cantaba, cuando ella me dejaba en el cochecito mirando los árboles. Creo que el canto, el oído musical y la búsqueda expresiva siempre estuvieron presentes en mi infancia.
Recuerdo que, aproximadamente a los cinco años, cuando vivíamos en Israel, mi tía me regaló un cassette con música de Michael Jackson. Lo cantaba como loca. Incluso abría la ventana del departamento y le cantaba a un viejito que veía en una silla de ruedas, en el edificio de enfrente. Lo hacía con mucha intención, como deseando alegrarle el día. Y creo que esa sigue siendo la intención de mi voz: sanar, calmar, acompañar y brindar alegría.
¿Cómo influyó tu entorno familiar en tu camino artístico?
Mi familia siempre me incentivó y potenció mi lado artístico. Cuando vivíamos en Israel, yo era muy chica y no hablaba hebreo, así que me expresaba mucho a través del dibujo y mis padres me impulsaban a seguir pintando. Mi papá, que es arquitecto, está muy ligado al dibujo, y mi mamá fue bailarina y diseñadora de ropa. En casa el arte siempre estuvo muy presente.
La música también fue parte de nuestra vida cotidiana. Mis padres cantan muy bien, con mucho oído, aunque ninguno tocaba instrumentos. Mi abuela materna sí era pianista y daba clases de piano. Pero, como cantante profesional, soy la primera de la familia.

¿Cuándo comenzaste a formarte profesionalmente como cantante?
Cuando tenía nueve años, mi mamá me propuso tomar clases de canto o sumarme a un coro. Yo cantaba porque me gustaba, tenía facilidad y era afinada, pero aún no sabía que eso podía ser una vocación. Fue ella quien me impulsó. En esa época, también tuve la oportunidad de cantar en vivo gracias a Clara Terán, una amiga de mi mamá que hacía música para chicos. Canté en escenarios, en televisión, incluso con Daddy Brieva. Todo eso me generaba una felicidad inmensa, pero aún lo vivía desde un lugar muy genuino e inocente.Gracias al impulso de mi madre, entré al Coro de Niños del Teatro Colón. Estuve allí desde los nueve hasta los once años. Fue mi primer trabajo como cantante y una experiencia que marcó mi vida.
¿Qué obstáculos encontraste en el camino artístico?
Desde siempre escuchaba: «Vas a ser cantante, ¿no?» Pero cuando terminé el colegio, empecé a dudar. Fui a un colegio privado, donde la mayoría de mis compañeros eligieron profesiones más tradicionales, y eso me generó miedo e inseguridad. No creía que fuera posible vivir del arte. Estudié varias carreras como Comunicación Social, Psicología y Sociología. También cursé tres años de la Licenciatura en Artes Musicales en la UBA, en Puan. Pasar por la universidad fue algo que quería vivenciar, y aprendí muchísimo, pero ahí también me di cuenta de que lo mío iba por otro lado. Siempre tuve cierto rechazo a lo institucional.
¿Alguna vez pensaste en dejar el arte?
No pensé en abandonar el arte en sí, pero sí me sentí muy frustrada en ciertos momentos. Después de tres años estudiando Canto Lírico en el Conservatorio, con reglas estrictas y estructuras un poco caducas, hubo una etapa en la que no soportaba la música. Necesitaba silencio. Sentía que la institucionalización del canto, que para mí es sinónimo de libertad y expresión, se había vuelto una especie de encierro. Me enojé, pero no con el arte, sino con el sistema educativo artístico y su forma rígida de enseñar.

¿Cuándo comenzaste a ver el arte como una profesión?
Aproximadamente a los 20 años. En ese momento estaba en pareja con un pianista, teníamos un dúo de jazz y tocábamos en restaurantes y bares. Empecé a ver que realmente podía vivir de la música. Él me impulsó a dar clases de canto, y cuando empecé, descubrí cuánto lo disfrutaba. Dar clases de canto no solo me permitió sostenerme económicamente, sino que me conectó con personas hermosas. En el proceso, comprendí que mi vocación no era solo cantar, sino también compartir, enseñar, conectar. Nunca se me habría ocurrido que ese era mi camino. Pero hoy lo sé con certeza.
¿Cuál fue tu primer ingreso económico como artista?
Mi primer ingreso económico real a partir del arte llegó cuando empecé a cantar en bares y a dar clases de canto. Logré una estabilidad principalmente gracias a la enseñanza vocal. Después fueron apareciendo trabajos, aunque más esporádicos, como hacer jingles, coros, grabaciones de voces, participar en shows o ser coach vocal. Más adelante, me sumergí profundamente en el universo femenino, explorando la ciclicidad de la mujer, la voz, el útero… Durante la pandemia investigué la conexión entre el cuello uterino y el cuello laríngeo. Fue entonces cuando me convertí en doula vocal, y empecé a acompañar embarazos a través de la estimulación musical prenatal y los partos cantados. Así nació otro rol en mi camino artístico: el de acompañar mujeres con la voz como herramienta central.
¿Qué prácticas personales te ayudaron en tu proceso artístico y profesional?
La voz siempre estuvo presente en mi vida: como herramienta de trabajo, en la meditación, en el cuerpo. Siempre intenté integrar todo eso desde un lugar de acompañamiento, hacia otras voces también.
Una práctica clave ha sido el Ashtanga Yoga, que me acompaña desde hace 15 años. Me ayuda a sostener mi estado físico, mi psiquis, mi salud mental y mi respiración. Hace dos años que practico todas las mañanas, y se ha convertido en mi cable a tierra, fundamental para sostener mi vida, mis shows, y mi cuerpo como instrumento. La meditación y mis prácticas espirituales vinculadas al budismo también son esenciales. Y, por supuesto, las clases de canto, el estudio constante… Siempre fui muy estudiosa: tengo la luna en Géminis, así que la lectura y la formación continua son anclas en mi vida, tanto en mi faceta de artista como de maestra.
¿Cómo describís tu vida artística hoy?
Siento que estoy viviendo un momento de plenitud. Disfruto cada arista de mi ser artista: las clases de canto, los acompañamientos a mujeres embarazadas, y también mi rol dentro de la terapia bioenergética, una disciplina psicofísica donde la voz tiene un lugar central. Como compositora y productora, estoy feliz de comenzar a compartir mi música y lanzarla al mundo. También acompaño a Diego Frenkel, mi pareja, como coreuta, tocando el piano, participando en sus shows. Esa experiencia la disfruto profundamente.

¿Qué significa para vos vivir del arte hoy?
Vivir del arte hoy es una revolución. En un contexto global tan complejo, atravesado por guerras, violencia, hambre e ignorancia, poder crear desde el amor, lo genuino y lo honesto me parece algo profundamente sanador. No lo veo como algo glorioso: es una alegría, pero también un acto de valentía. Me celebro por haber elegido este camino. No me imagino haciendo otra cosa.
Creo que siempre seguí una guía: la salud. El bienestar ha sido mi faro, y como la voz y la música son lo que me convoca, intento que todo lo que haga esté iluminado por esa linterna.
¿Cómo mantenés viva la motivación y la creatividad?
Es una excelente pregunta. La motivación y la inspiración son cíclicas. Hay momentos de mayor o menor conexión creativa. A veces, simplemente quedarme varios días en casa, en silencio, mirando por la ventana, activa mi creatividad. Otras veces me inspira ir al teatro, ver buen cine, escuchar música en vivo, tener una buena charla con amigas, leer, descansar, estar en la naturaleza, meditar…
Incluso durante la práctica de yoga me baja la inspiración. A veces se trata de volver al silencio interior, y otras, de dejarse atravesar por el arte que nos rodea. Inspirarse con una película, una conversación, incluso un plato de comida.
¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en este camino?
Últimamente, lanzar mi primer sencillo fue un gran aprendizaje. Pensé que cerrar esa etapa iba a significar un cierre, y me di cuenta de que era todo lo contrario: se abrió un universo nuevo. Me encontré con que, cada vez que intento terminar algo, todo vuelve a expandirse. El aprendizaje es ese: todo está comenzando siempre.

¿Qué le dirías a un artista que siente que no va a lograrlo?
Le diría que ya está equivocado. Las cosas se logran haciéndolas. Me pregunto: ¿qué es “lograr” algo? Para mí, lograr tiene que ver con hacer, con animarse, con equivocarse, con lanzarse al vacío. El simple hecho de hacer ya es un logro en sí mismo. Y después, seguir indagando.
¿Dónde se puede encontrar tu obra hoy?
Principalmente en Instagram, donde comparto imágenes, fotos, mi cotidianidad, mi intimidad y mi proceso artístico. También pueden encontrar mi música en Spotify y en YouTube. En todas estas plataformas me van a encontrar como:
Juana Mariasch













